Bieito Rubido y Carlos Herrera abordan en los «Diálogos ABC» las consecuencias del separatismo y la cuestión catalana | Vocento.com

El director de ABC, Bieito Rubido y el periodista y colaborador de este periódico, Carlos Herrera abordaron, dentro del marco de «Diálogos ABC», celebrado en Auditorio Mutua Madrileña de Madrid, el pasado día 3 de octubre, el conflicto en Cataluña y los problemas derivados del separatismo, después de la jornada del 1-O y las amenazas de la Generalitat de proclamar la declaración unilateral de independencia.

Si España tuviera ante sí los problemas de la cotidianidad democrática (crisis económica, amenaza yihadista, robotización del trabajo, desarrollo del 4G…) ambos, Carlos Herrera y Bieito Rubido, habrían desmigado y discutido sobre los retos que su país comparte con grandes naciones como Alemania, Francia o el Reino Unido. Pero en medio de la tormenta tocaba otra cosa, y el número uno de la radio en España y el director de ABC se conjuraron para lanzar un mensaje de optimismo contra el abatimiento de millones de españoles a los que, como Machado se malició, una España (que no quiere serlo) ha dejado helado el corazón.

Por eso Herrera, que vivió en Cataluña hasta sus veinte años, reconoció que «me duele España porque me tiene que doler que en un país con todas las garantías para ser un país hermoso para vivir, con una gente esencialmente buena, con una cultura magnífica para la elevación del ser humano, con una historia rica e interesante, con un clima benigno, donde se vive de manera envidiable, haya una parte de España, y quién sabe si otra a la espera, donde la intolerancia, el odio y la xenofobia nos impide una vida en paz».

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Manifestación del domingo

Media hora antes de que el Rey se dirigiera a la nación, los dos periodistas buscaban salidas a la crisis institucional. Bieito Rubido puso sobre la mesa una pregunta: «El resto de España siempre se ha portado muy bien con Cataluña, sin embargo hay catalanes que no piensan así. ¿Por qué?» Herrera recordó que, en efecto, durante el franquismo España situó los grandes elementos de modernidad en Cataluña, también en el País Vasco, y en menor nivel, en Madrid. «Pero nos piden que España sea plural. Y yo les digo a los catalanes: Cataluña también tendrá que serlo y respetar a esa mayoría que quiere convivir en paz». Y a esa masa de catalanes les rogó algo: «Ha llegado el momento de que la Cataluña silenciada salga a la calle. O esa Cataluña se moviliza o desde fuera los demás no podemos hacer todo». De ahí que recordara que el próximo domingo a las 12 de la mañana Sociedad Civil Catalana ha convocado una manifestación en Barcelona, a la que reclamó «vayan todos los demócratas, no haciendo lo que hacen estos desarrapados, sino dejándose ver porque sois más, no lo olvidéis».

Al director de ABC le preocupa, según confesó, la desmoralización de la sociedad: «La gente está descorazonada porque algunos dudan de que se esté haciendo todo lo que se puede hacer». Esa pregunta halló respuesta en el locutor de la Cope: «Siempre digo a mis amigos catalanes que no crean que un señor de Utrera, o una señora de Moratalaz, u otra de Moral de Calatrava, se levanta cada mañana preguntándose cómo puede fastidiar a un catalán. Que a lo sumo lo que buscan es sacar a flote a sus hijos y tirar para adelante. Por eso, todos tenemos que esperar a que baje la inflamación, con técnicas de enfriamiento, que se cumpla la ley, y si luego hay diálogo este tiene que basarse en que las dos partes ofrezcan algo». Herrera apuntó aquí a la insustancial figura del presidente catalán: «Puigdemont nunca hubiera soñado ser objeto de atención de nadie, y menos de estas 300 personas que nos escuchan, especialmente al director de ABC. Puigdemont ya no puede echar marcha atrás porque los suyos le convertirían en carne de inodoro».

Pero, preguntó Rubido, «¿el Gobierno se debería haber adelantado a los desafíos independentistas?» Herrera pidió empatía y que la gente se sentara por un momento «en la mesa del presidente del Gobierno». «Es cierto –aseguró– que el Ejecutivo quizá ha adolecido de inacción. Pero si hablamos del artículo 155 sepan ustedes que tiene cinco líneas muy generales y desmontar administrativamente a un Gobierno autonómico es algo de mucha envergadura. Pero sí, el Gobierno tiene que tomar medidas drásticas, porque no está solo, está apoyado por Rivera, que se está portando muy bien. Hay que tomar decisiones, hay que arriesgar». Porque sobre el apoyo del PSOE, al periodista almeriense le caben todas las dudas: «Ya saben ustedes que el PSOE, a la hora de la verdad…».

«Hablar bien de España no está de moda», a juicio del primer responsable de este periódico, al que le preocupa «que la autoestima española sea muy baja». La mejor receta contra ese derrotismo, concedió Herrera, es «darse una vuelta por el mundo y ver, por ejemplo, la sanidad que tenemos. Uno se pone malo y le atienden magníficamente, y a cambio solo le piden una tarjeta. Váyanse ustedes a Estados Unidos, donde yo tuve que pagar una fortuna por un percance que sufrí».

La figura del Rey Felipe VI también estuvo presente en el diálogo de ambos periodistas. Del jefe del Estado Herrera apuntó que «ha sido la prudencia personificada y se ha preparado muy bien porque lleva muchos años tomando notas» y le pidió, minutos antes de que interviniera desde La Zarzuela, «que nos traslade una idea-fuerza para mantener la esperanza y garantizar la estabilidad».

Para los últimos minutos, el humor de Herrera en la descripción, requerida por Rubido, de los presidentes de la democracia:

  • Suárez: No lo traté pero su hijo es amigo mío, así que es como si él lo hubiera sido.
  • Felipe González: Una gran cabeza, pero un andaluz un poco malaje.
  • José María Aznar: Sus decisiones fueron de calado político pero no vale para el Club de la Comedia.
  • José Luis Rodríguez Zapatero: Una buena persona que también hizo cosas bien, aunque no lo crean.
  • Mariano Rajoy: El más tímido, pero con gran dosis de sorna gallega y de responsabilidad.

Como «cloenda», y tras una defensa apasionada de la Fiesta Nacional a la que dijo se le ha atacado porque así se «atacaba a España», una confidencia: su renovación en Cope «no está decidida porque dudo si dedicarme a tocar la flauta a mis 60 años»; y una revelación: su madre no fue feliz hasta que leyó a su único hijo en ABC.